martes 19 de abril de 2011

Cambia Latinoamérica, Cambia el País... ¡Que Cambie la Ciudad!

Desde hace unos años, vivimos en Latinoamérica en general y en el país en particular, un cambio social, político, económico y cultural. Ese cambio se ve reflejado en la voluntad de los pueblos de querer forjar un nuevo destino, un nuevo camino.
Luego de haber fracasado el modelo socioeconómico neoliberal, los pueblos de estas tierras comenzaron a construir una nueva conciencia colectiva que implicaba un cambio profundo y real. Países como Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Venezuela y Paraguay comenzaron a reflejar dicho deseo de transformación casi en simultáneo. Este deseo de transformarse hacia dentro y afuera, fue creando una nueva identidad regional, con fuertes bases no solo en lo cultural sino también en lo político, económico, social e institucional. Es quizás la década del despertar de nuestro continente, y es por eso que debemos ampliarlo y llevarlo a todos los sectores y rincones del continente.
En la Argentina, esa transformación fue derribando estructuras de poder muy fuertes que históricamente se resistieron al cambio, a las voluntades e intereses populares. Hoy, 2011, estamos ante la oportunidad de una transformación seria, profunda y cualitativa en quizá uno de los últimos tradicionales bastiones del conservadurismo: la Ciudad de Buenos Aires.
La Ciudad de Buenos Aires, que fielmente ha sido a lo largo de su historia fuertemente de derecha en su conjunto, parece hoy querer mutar su sentir y espíritu colectivo. Este contexto viene acompañado de dos factores rápidamente distinguibles: el fracaso del modelo macrista que ha llevado a la debacle de la ciudad, y por el otro lado un proyecto nacional que ha logrado incluir a los sectores medios que simpatizan con éste a raíz de una inmejorable situación económica de la cual se los incluye dentro ésta y en el que encuentran elementos culturales y de interés que los identifican. Gran parte de esta clase media que todos los manuales de historia nos han enseñado que es antipopular, antiperonista, de derecha e individualista; que solo se ha movilizado cuando sus intereses –particularmente económicos- han sido tocados; encontró un ámbito de expresión, discusión y simpatía como lo es “6-7-8” y ha sabido organizarse y autoconvocarse para llenar la Plaza de Mayo en defensa de un gobierno popular, peronista y progresista. Sin dudas ha pateado cualquiera de estos manuales.
Es por eso, que, en vista de esta inigualable situación a lo largo de nuestra historia, el kirchnerismo se presenta ante la gran oportunidad de plasmar toda esa convocatoria, organización y deseo de cambio y de expresión, en la instalación de un gobierno propio que pueda articular la Ciudad, la Provincia y la Nación para profundizar de fondo el cambio iniciado.
Ante semejante coyuntura, el kirchnerismo se presenta sí mismo en tres caras: Daniel Filmus, Carlos Tomada y Amado Boudou. Como toda decisión implica la intervención de valores no aleatorios, desde mi opinión, creo que Daniel Filmus es quien tiene mayor capacidad para llevar adelante la transformación en la tan devastada Ciudad de Buenos Aires. Filmus, es un candidato al cual se lo puede considerar ya instalado, ya que viene de disputarle mano a mano la Jefatura de Gobierno en la elección pasada a Mauricio Macri. Por otro lado, Filmus es quien puede alinear a la mayor cantidad de fuerzas que no integran la estructura del Frente Para la Victoria. Por este lado, sería muy interesante la participación de sectores como el Nuevo Encuentro o el Partido Solidario (PSOL), los cuales le pueden realizar un inmenso aporte al proyecto, con figuras como Gabriela Cerruti, Carlos Heller y Vilma Ibarra entre otras.
Al mismo tiempo, considero que tanto Amado Boudou como Carlos Tomada, son muy buenos funcionarios, lo cual ha quedado demostrado a lo largo de sus funciones, pero no son cuadros políticos como si lo es Filmus, y creo que le harían un mejor y mayor aporte al Proyecto Nacional desde su lugar de funcionarios.
En la vereda de enfrente, el oficialismo en la ciudad -el macrismo- se enfrenta ante su propio desgaste, producto de una pésima gestión que al parecer obligaría a Mauricio Macri a presentarse nuevamente en la ciudad, renunciando a sus aspiraciones presidenciales ya que corre de atrás -y lejos- a la Presidenta en las encuestas. Este desgaste se nota claramente cuando uno hace un repaso por su fracasado gobierno: el accionar del grupo de tareas de la UCEP, escuchas telefónicas, el nombramiento del Fino Palacios, único distrito del país donde subió la tasa de mortalidad infantil, represión a cartoneros en Belgrano y vendedores ambulantes en Liniers, fracaso de la Policía Metropolitana, crisis edilicia, no ejecución del presupuesto, destrucción de la educación y salud pública, conflicto con el Teatro Colón. Ante esta coyuntura, en principio el PRO presenta una interna con los candidatos Gabriela Michetti y Horacio Rodríguez Larreta, aunque quién corre con mayor ventaja en las encuestas es la ex-vicejefa de Gobierno. Al mismo tiempo la coyuntura electoral ofrece un tercer posible (y cada vez más probable) candidato: Fernando "Pino" Solanas.
En este sentido, el kirchnerismo tiene un desafío muy grande al cual lo deberá afrontar con mucha inteligencia, proponiéndose seriamente el cambio en la ciudad en conjunto con el que se lleva adelante desde el plano nacional desde 2003. Hablo de desafío, ya que viene acompañado de un inmejorable contexto, no solo en las encuestas pre-electorales, sino también por los factores de la situación nacional y el deterioro capitalino. De modo tal, que quizá sea la única chance de poder instalarse en la capital porteña como Gobierno, y, traducido en terminología peronista debemos decir: ahora o nunca.


Martín Szulman. Buenos Aires, Argentina.

viernes 5 de noviembre de 2010

Pingüino Corazón

            Tal vez, es todavía muy pronto como para plasmar lo que siento y sentimos lo que el 27 de octubre de 2010, perdimos. Pero como creo que con la sangre caliente se tienen sentimientos más sinceros y genuinos, escribo.
            Fuimos miles los que fuimos a la Plaza de Mayo a expresar gracias, solidaridad y todo tipo de sentimientos que probablemente me quede corto de palabras para engalanar y reflejar lo que sentimos muchos. Había gente que le daba fuerzas a la compañera presidenta, otros que agradecían, otros que juraban lealtad a Cristina y por sobre todo había muchos que le agradecían a Néstor haberle “devuelto la dignidad”.
            Yo era muy chico el 20 de diciembre del 2001, pero recuerdo muy bien los cacerolazos, la represión, el helicóptero, el fervor popular que se apoderaba de las calles. Pero un 25 de mayo de 2003, vino un pingüino, desde el sur, que usaba el saco sin abrochar, que tenía una mirada y un habla hasta cómico. Vino desde el sur con la promesa de liberarnos de todos los males que padecíamos los argentinos, de hacer una patria más justa y nos proponía soñar, justo 30 años exactamente de la asunción de Cámpora (vaya coincidencia). Muchos pensaban que era la continuidad de un Eduardo Duhalde y su gobierno, que ya había dejado dos muertos por luchar. Había una mezcla de desconfianza y esperanza en el sentir de los argentinos que parecía que ya no tenían nada que perder.
            Ese pingüino, que venía del sur, que pocos lo conocían, que hasta algún viejo y anacrónico “periodista” se atrevía a llamarlo “el Cámpora de Duhalde”, empezó a tocar intereses muy fuertes que rompían con viejas y fuertes estructuras de poder de la Argentina. En los primeros meses se derogaron los indultos y las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, bien llamadas Leyes de la Impunidad; bajaban las tasas de pobreza, desocupación, indigencia, riesgo país, etc. Y así, poco a poco (aunque para lo que se había logrado hacer en tan poco tiempo era muchísimo) se empezó a consolidar lo que prometía que podía llegar a ser un espacio progresista que tenía algunos rasgos de aquella gloriosa juventud del 73’ que luchó por una patria justa, libre y soberana.
            Fue Kirchner, y no otro, el que tuvo la valentía y la honradez de pedir disculpas en su calidad de Presidente de la Nación, como representante del Estado argentino “por haber callado por más de 20 años los horrores de la dictadura”. Fue Kirchner y no otro, porque es a él y nada más que a él que se le podría pedir y esperar una cosa así. Fue Kirchner, y no otro, el que tomó como política de Estado investigar que fue lo que pasó en los centros clandestinos de detención durante esa nefasta época, aquel 24 de marzo de 2004 en la ex EsMA. Fue Kirchner, y no otro el que planteó la necesidad de una juventud transgresora, que participe, activa en la política, que se organice, que discuta, que critique. Fue Kirchner, y no otro, el que amplió el régimen de jubilación permitiendo la entrada de miles. Fue Kirchner, y no otro, el que levantó al país de la peor crisis económica y social de la historia de nuestro país. Fue Kirchner, y no otro, el que llevo hasta el seno de la sociedad el debate de la distribución del ingreso. Fue Kirchner, y no otro, el que fue contra la estructura de poder mediático más grande de la Argentina con la intención de que la información no siga siendo manipulada, manoseada y monopolizada por los mismos que desde hace décadas imponen realidades inciertas e ilusorias. Fue Kirchner, y no otro, el que rompió con el neoliberalismo y las “relaciones carnales” con Estados Unidos que perduraron durante los 90’ y que conformó por fin, una unidad latinoamericana como propuesta alternativa a los modelos impuestos por las potencias y el F.M.I para poder crear una identidad y una idea continental que sea respetada por quienes han hecho de nosotros una colonia. Fue Kirchner, y no otro.
            Entonces, al hacer un muy simple balance de algunos de los logros conseguidos, y ante la imagen de la muerte como solamente una desaparición de lo físico, de lo material y no de lo verdaderamente abstracto y sentido; me pregunto qué festejan los pocos estúpidos que se atrevieron a cacerolear y a festejar esta muerte. Son los mismos que reivindican la tortura, el secuestro y el terrorismo de Estado, que se beneficiaron a costa de todos en las peores épocas, los mismos que en el 52’ pintaban “viva el cáncer”, los que imploran por un país injusto e inequitativo y los que hoy se animan a colocar afiches con la consigna “viva el infarto”. Pero ante semejante odio y barbarie, la respuesta se dio en las calles, con una masiva concurrencia y un involucramiento colectivo pocas veces visto. Veía con admiración, esperanza y emoción cuando salí de la Casa Rosada, el jueves cerca de las 14 hs. el mar de gente que había en Diagonal Norte hasta la 9 de Julio, más toda la que estaba agrupada en la plaza y en las otras avenidas, con colas de hasta ocho horas para ingresar a darle el último adiós.
            Al ver estos dos contrastes, en donde desde la derecha se esfuerza por catalogarlo como un gobierno desastroso, y la izquierda lo llama populista y oportunista, me digo a mi mismo: que les expliquen a los nietos recuperados por las abuelas gracias a la intensa política de derechos humanos de este gobierno, que fue un gobierno desastroso, populista y oportunista. Que les expliquen a los millones de hombres y mujeres de la Argentina que hoy tienen trabajo, seguridad social y dignidad que fue un gobierno desastroso, populista y oportunista. Que les expliquen a los cientos de miles de pibes que hoy pueden ir a la escuela, recibir una asignación universal, tener un plan de vacunación que fue un gobierno desastroso, populista y oportunista. Que les expliquen a las madres que hoy pueden enterrar a sus hijos, encontrar justicia y ver a los asesinos de sus hijos teniendo un juicio justo y con sentencia firme, que fue un gobierno desastroso, populista y oportunista. Que le expliquen a la gente que recuperó la dignidad, la esperanza, la participación activa y militante en la política, el debate, las ideas, la solidez socioeconómica que fue un gobierno desastroso, populista y oportunista.
            Kirchner pudo haber sido un presidente más, uno que arreglara las cosas, dejarlas así nomás y ser funcional a muchos intereses. Pero decidió hacer política de cambio. Pudo haber dejado así como estaban a las FF.AA, la dictadura, pero decidió hacer justicia. Pudo haber elegido ser funcional a Clarín y sus buitres intereses, pero decidió enfrentar al pulpo. Pudo haber dejado las jubilaciones en manos privadas y no discutir el fondo de la cuestión, pero decidió romper con ese sistema y asegurar y elevarle la jubilación a los viejos. Pudo haberse no peleado con el campo y seguir sobre la misma línea de su gobierno, pero decidió dar una larga batalla por la distribución equitativa del ingreso, aún arriesgando mucho. Pudo haber sido funcional al plan económico colonial del ALCA y ser un cachorro más de Estados Unidos como Fox, Uribe y otros, pero decidió romper con el imperio y consolidar un mercado común latinoamericano sentando bases y principios propios. Cuando veo todos los dolores de cabeza que se pudo haber ahorrado, me pregunto: si le interesaba solo hacer plata y negociados, ¿para qué se gastó en enfrentarse a todas estas estructuras de poder que lo podían haber derrocado?
            Ese miércoles 27 de octubre de 2010, quedará en mí como uno de los días más tristes, esperanzadores y dolorosos de mi vida y militancia. Porque pasé del llanto, el desconsuelo y la desolación a entender que hay que participar más que nunca desde donde podamos, para profundizar el cambio, para modificar la realidad y crear nuevas utopías que nos ayuden a caminar como sociedad. Porque creo que solo a través de la política y únicamente a través de ella, se podrá producir un cambio real y significativo, creo más firmemente en la participación en ella acompañando este modelo que nos toca vivir, defendiéndolo y siendo críticos con éste.
            Gracias pingüino por haber llevado la discusión a todos los rincones de la patria, aún después de haber fallecido. Haremos de vos, tus ideales y tus conquistas –que ya son nuestras- una bandera de lucha que la recogeremos y la llevaremos hacia la victoria.


HASTA LA VICTORIA, SIEMPRE

                                         ¡VIVA KIRCHNER, PARA SIEMPRE!


Martín Szulman, Buenos Aires, Argentina.